Vals con Bashir y las palomitas

Como bien dice Mónica Jordan en su blog, se repite casi machaconamente el tópico de realizar (o vender) la mayoría del cine de animación que llega actualmente a las salas bajo la premisa de ser cine infantil digerible por adultos, o viceversa; o simplemente de valorarlo como tal, lo cual si bien hay casos en que así ocurre, plantearlo como antonomasia es una condena para la generalidad de este formato.

El espectador poco asiduo o neófito de este género, colectivo del que pretendo salir algún día, no está acostumbrado a despegarle el sambenito de cine familiar a ese producto made in Disney, Pixar, etc. que varias veces por temporada asalta las carteleras de los tenderetes de palomitas y cocacolas con multicine dentro. Y no lo digo peyorativamente hacia la propia obra (hay de todo, y algunas me parecen magníficas), sino al encasillamiento antes referido a que la distribución, y por extensión el demasiadas veces dócil público, somete al cartoon. Y es que no hay género más comercial que aquel capaz de llevar de la mano al cine a uno o dos adultos con uno o dos niños, que antes pasarán por el tenderete de las chuches.

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Como con todas las minorías que son vistas desde la atalaya de lo masivo (matizable), basta rascar un poquitín para encontrarnos un vasto mundo de trabajos de animación, de muy estimable calidad, que distan mucho de ser ese cine familiar, pero que tal vez por ello precisamente pase muy de largo de las carteleras españolas, no digamos de las zaragozanas.

Golem ha comprado los derechos de distribución en España de la película israelita de animación Vals con Bashir, del director Ari Folman. Como Golem no tiene salas en Zaraconejos de Cierzo, los Zaragozanos no verán en pantalla grande esta cinta. Vals con Bashir es una película de animación sobre la masacre de 1982 que tuvo lugar sobre el pueblo palestino en los campos de Sabra y Chatila, en Líbano, y que fue considerada “genocidio” por la ONU.  No es cine puramente familiar.  Vals con Bashir ha ganado este año el Globo de Oro a la mejor película extranjera, está nominada al Oscar en esa misma categoría, en la que también ganó en el British Independent Film, y en el Broadcast Film Critics Association, ganó en Gijón el premio a la mejor Dirección Artísitica, y el premio del Jurado Joven; ganó como película de animación en Los Angeles Film Critics Association, y como Documental en el Directors Guild of América; está nominada a los BAFTA (que se entregan este domingo) como mejor película extranjera y mejor película de animación, lo estuvo en los European Film Awards como mejor película, dirección, y guión, ganando en banda sonora; compitió por la Palma de Oro en San Sebastián, y por supuesto arrasó en los Ophir Awards (los galardones de la Academia de  Cine de Israel) llevándose los premios a la mejor película, dirección, guión, montaje, dirección artística y sonido. Esto entre otros premios y nominaciones a nivel mundial.

vcbComo currículum me parece suficiente para que la distribución considere que semejante producción no es adecuada para el público maño, no vaya a ser que después de traerlas, no se vendan todas las palomitas. Así que los que no puedan gastarse los 20 euracos que probablemente costará el DVD cuando salga este verano, se van a quedar sin verla, y seguramente pensando que el cine de animación es un producto típico de niños y navidades.

En El Líbano lo tienen aún peor. Siendo una película israelita, sufrirá la censura del gobierno que prohíbe la venta y distribución de productos del país hebreo. Incluso si, como en este caso, supone un alegato contra la masacre sufrida por los palestinos en Líbano.

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Paradise now

Hany Abu-Assad, 2005

Paradise Now es la historia de dos terroristas palestinos, enviados a Israel con explosivos pegados al cuerpo, para perpetrar sendos atentados suicidas.

El menú es muy completo: un palestino que cree tener claro cómo ayudar a la liberación de su pueblo, aunque serias dudas le atormentan; otro, que cree ciegamente que autoinmolarse es ganarse el cielo y ser un héroe; una madre y esposa que ha sufrido en sus carnes la cercenación del cabeza de su familia, víctima del conflicto; otra joven palestina que ha vivido en Europa y se ha “occidentalizado”, trayendo sentido común y raciocinio al lugar de los hechos; y por último, el imán de supermercado, líder de una supuesta organización (de tres al cuarto) de la resistencia, que promete el cielo de los justos y mártires a cambio portadores de bombas.

Todo esto ambientado en una Palestina destrozada, desmoralizada, con problemas de empleo, y unos habitantes con vidas anodinas, y cuyo principal entretenimiento es beber té y fumar en el campo, o en los locales donde además se autoflagelan con el látigo permanente de la existencia del enemigo opresor.

Ante esta carta tan repleta de platos variados, al director (palestino-holandés), Hany Abu-Assad, no se le ve el plumero de la empatía por ningún lado. Su objetivo está claro que no es el de polemizar sobre el conflicto, sino mostrarnos las piezas sociales y culturales del complicado puzzle, y dejar que cada uno se entretenga con ellas.

El trabajo de dirección está muy cuidado, y la historia no sólo nos viene contada por los personajes y los hechos. La ambientación de las calles con casas derruidas muestran el estado, no solo físico sino moral, en que están viviendo los palestinos. Una ausencia total de música a lo largo del metraje. La cámara al hombro utilizada en la dosis justa, sin complejos pero sin exageraciones, la fotografía sencillita, sin colorines, sin luces postizas, y extraordinarios momentos que reflejan el cuestionamiento, el debate interior que el protagonista tiene, como las repetidas veces que acaba cruzando la alambrada, sin una idea clara de qué hacer, qué dirección tomar.

Hany Abu-Assad sabe tirar muy bien de cada uno de estos hilos, llevando la historia por unos senderos en los que explora los sentimientos, los pensamientos, y sus causas. Pero aquí, donde lo fácil sería invitarnos a nosotros a cuestionarlos, nos facilita ese trabajo, dándoselo a los protagonistas, que continuamente estarán dándole vueltas a la noria de las razones por las que tomarán cada una de sus decisiones.

La producción (Palestina/Holanda/Alemania/Francia) triunfó en el festival de Berlín 2005, llevándose entre otros el premio a la mejor película europea, y además de pasear la cabeza bien alta por otros festivales, ganó también el Globo de Oro a la mejor extranjera en 2006.

En mi opinión, una cinta muy recomendable.