The Wrestler, la derrota cardioemocional

Darren Aronofsky 2008.

Rourke se hace con este papel como si fuera una extensión de sí mismo, o un déja vu artificial.

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Cartel de "The Wrestler"

Si en el anterior artículo de Gran Torino, hablaba de carreras interpretativas expiradas y de crepúsculos y conclusiones con broche de oro, me encuentro ahora con otra película que, desde un ángulo muy diferente, utiliza también como escenario el de las profesiones que tocan a su fin, con la correspondiente repercusión, positiva o negativa se verá, en la vida de una persona. Y si ese es el escenario, el tema es el del vértigo que siente quien ha estado en la cumbre, y se ve abocado a los infiernos por mor de la pérdida natural de sus aptitudes.

The wrestler, ambientada en New Jersey, es la historia de Randy “Ram” Robinson, un luchador de Pressing Catch, rutilante estrella que vivió su apogeo en los 80, y que ya entrado en años y en kilos sobrevive a base de combates de poca monta cuyos honorarios apenas le bastan para pagar los anabolizantes y el alquiler de la caravana en la que se deja caer por las noches.

Un día el corazón de Randy dice basta, y el antaño héroe de miles de aficionados a este espectáculo empieza a darse cuenta de que realmente su vida al margen de los combates brilla por su ausencia, si excluimos a Cassidy, una bailarina de streep tease con la que el luchador mantiene una relación de amistad y consuelo. Esta es la verdadera historia que nos ofrece The wrestler, la derrota personal más que profesional, el desarraigo emotivo, la soledad.

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Luchando contra el "Ayatolah"

Cabe destacar que para interpretar a Randy, el director Darren Aronofsky (“La fuente de la vida”, 2006; “Réquiem por un sueño”, 2000; “Pi, fe en el caos”, 1998), haya contado con Mickey Rourke, en vez del pasteloso Nicholas Cage, que fue la primera opción para este papel. Rourke, que ha sido precisamente un actor de cotizado caché hace tan solo (¿tan solo?) un par de décadas, antes de que se impusieran por encima de su talento su afición al alcohol, su difícil carácter o su deambular con más pena que gloria por algunos rings de boxeo, se hace con el papel de este personaje como si fuera una extensión de sí mismo o un dejá vu artificial. Mickey Rourke vuelve, tras algunos tímidos escarceos  recientes (El fuego de la venganza, Sin City, Domino) a un papel principal e importante, antesala de varios proyectos  cuando menos interesantes, ya en cartera: Killshot y The informers ya terminadas, actualmente rodando 13, y preparando Sin City 2, The expendables (a las órdenes de Stallone)  e Iron Man 2.

Dejando al margen la poca confianza que me inspira el sobrino de Coppola, tanto por su cualidades interpretativas como por su físico para este papel, he de decir que me ha sorprendido gratamente la interpretación de Rourke, máxime cuando ya le sabía ganador del Globo, y nominado al Óscar antes de ver la película, hecho que te hace esperar un poco más si cabe.

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Randy y Cassidy-Pam

El caso es que su actuación es memorable, mucho más allá de las breves y necesarias escenas en el ring que, digan lo que digan, para un ex-boxeador tienen que ser no sólo fáciles, sino incluso divertidas. Pero es en la profundidad que el actor le da al personaje fuera del ring, con ese estupendo retrato de la pena, la derrota, la resignación o la soledad, donde su trabajo es realmente encomiable. Esa mirada triste, y buscadora de optimismo en la más inexorable oscuridad, es la que hace que este brutote de cuerpo sobredimensionado y rostro desdibujado acabe despertando ternura y lástima.

Dentro de este panorama, Randy encuentra su reflejo en Cassidy (Marisa Tomei, también nominada para el calvo, que en caso de llevárselo sería su segundo, tras el de Mi primo Vinnie, en 1992), la streeper que, ya supuerados los cuarenta (la actriz tiene 45) está al borde de sus últimos días como bailarina erótica. Esto hace que Randy sienta cierta afinidad, casi camaradería, y por supuesto atracción, por esta mujer de cálido corazón que podría significar una tabla de salvación para su vida emocional. Porque el corazón de Randy, precisamente está dolido, pero no tanto por los golpes o por las drogas como, y sobre todo, por el vacío de emoción, por el vacío de afecto durante años, por los ecos de lo que pudo haber sido y nunca fue en el plano personal.

El trabajo de Mickey Rourke, ciertamente espléndido, se suma, como gran culminación, a la sobria y muy eficaz dirección de Aronofsky, haciendo de The wrestler un más que interesante trabajo que, por ende, ganó en la última edición del festival de Venecia.

Gran Torino. Los bises de Clint Eastwood

Clint Eastwood, 2008

Tras más de cincuenta años delante de las cámaras, además de la dirección, la producción y la composición, el buen hombre ha decidido que ya ha cumplido con creces.

Póster de Gran Torino

Póster de Gran Torino

Tengo en mente aquella película inglesa, Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992), en la que el protagonista hacía una reunión de fin de semana en su casa para informar a sus amigos y celebrar con ellos cierta suerte de despedida (seguir sería un spoiler). Algo así ocurre con Gran Torino, película que se estrena en España el próximo 20 de febrero, y con la cual Clint Eastwood ha anunciando su retiro de la interpretación, su corte de coleta, su cuelgue de hábitos… aunque no de la dirección, campo en el que de momento sigue para regocijo del respetable, que como ya debe saber, está preparando su próximo trabajo, The human Factor.

Tras más de cincuenta años delante de las cámaras, además de la dirección, la producción y la composición, el buen hombre ha decidido que ya ha cumplido con creces, y va siendo momento de aflojar un poco, y dejar de actuar, y en su última faena ha querido rendir homenaje póstumo a lo que su figura ha sido en la pantalla, sus más icónicos personajes, los más representativos y selectos de su filmografía.

Este digno tributo, como productor y director que es, se lo ha podido permitir en forma de película y se llama Gran Torino. En ella da vida a Walt Kowalsky, un viejo ex marine y combatiente en la guerra de corea, gruñón, viudo, renegado de su familia, y hostil con sus vecinos, inmigrantes asiáticos precisamente.

Escena de la pelicula

Escena de la película

A medida que avanza la trama, y empezamos a conocer a este individuo más de cerca, vamos reconociendo en él todos los vicios y grandezas que parecen haber dejado en el actor los posos de sus, en otro tiempo, arraigados personajes Josey Walles, Harry Callahan, William Munny, o Frankie Dunn: el tipo duro, solitario, renegado, fascistoide a la vez que anárquico y desafiante con la sociedad y el sistema y, a la sazón, renqueante por el peso de sus pecados del pasado, debido a que, no obstante y muy a su pesar, en el fondo tiene buen corazón.

Pero no sólo es ese fondo el que está retratado en Kowalsky, sino también el envoltorio, la forma visual, gestual, icónica con que solía vestirse como extensión a a la particular idiosincrasia de sus personajes. Por eso Eastwood director aprovecha la mínima ocasión para hacer a Eastwood actor escupir con desprecio, apuntar con la mano sin necesidad de empuñar el Mágnum (genial la escena), apadrinar o respaldar a indefensas damiselas y novatos idealistas de los caciques de pacotilla en guerras que están a mil millas de tener algo que ver con él, o mandar al carajo y sin pasar por la casilla de salida a los reiterados intentos de la Iglesia de hacerse un hueco en la foto de este agrio personaje.

Llegados a este punto, ¿es Gran Torino la excusa para el auto-homenaje o viceversa? La respuesta no es fácil, pues el resultado final no solo es redondo, sino indivisible. Decir que la película es un traje a la medida de su protagonista, es tan cierto como injusto, aun dejando claro que se trata de un traje de alta costura. Ciertamente, me cuesta imaginarme Gran Torino protagonizada por otro actor, cualquiera fuera su rutilancia o solvencia, y cuando finalmente lo consigo, poniendo otra percha a ese traje, el resultado no se me antoja con el sentido de homogeneidad que podemos disfrutar en esta genuina obra de Eastwood, puro Clint.

Clint Eastwood

Clint Eastwood

Y digo que es injusto, porque supone hundir la cabeza de lleno en el topicazo que a menudo se repite cuando te metes entre pecho y espalda alguna película hecha a la medida de tal o cual galán o damisela de la interpretación, para mayor lucimiento de su figura, bolsillo y/o ego, solo que en ese caso suele ocurrir que el vehículo de pompa circula en un sentido que no busca vínculo alguno con la figura o la presencia de su protagonista (persona), sino un elaborar un producto puramente comercial, tanto para la mayor como para la figura, que a veces tanto monta-monta tanto.

Gran Torino nos ofrece además, también argumentalmente, todo aquello que los personajes de Clint Eastwood han ido dejando ver por el camino a lo largo de los años, y busca echar la llave a las puertas que, cada vez menos, iban quedado entornadas. Eastwood busca  en esta obra el retiro, la paz interior y el exorcismo de los fantasmas que sus pecados llevan grabados a fuego en su alma aparentemente pétrea, mediante una purga en la que en el más difícil todavía que puede suponer buscar la absolución hacia uno mismo, como modo de aprender a perdonar y tolerar a los demás. Por eso, aunque no es necesario, es aconsejable conocer la trayectoria de este actor, para disfrutar plenamente de la delicia que supone Gran Torino.

Como si después de su anterior Million Dollar Baby le hubiéramos pedido los bises, Walt Kowalsky sale al escenario y compone su mejor recopilatorio para despedirse de su público, a quien se entrega con sincero amor y generosidad. Él es Clint Eastwood.

Casual day, maniquí con esmoquin de alquiler

Tras títulos como “Smoking Room” (Roger Dual y Julio D. Wallovitz, 2002) o “El método” (Marcelo Piñeyro, 2005), tenemos actualmente en cartelera “Casual day”, la película dirigida por Max Lemcke y escrita por los hermanos Daniel y Pablo Remón, que pretende hacer un retrato de la desubicación de unos y el oportunismo de otros, todos ellos personajes trabajadores de una empresa, que sobreviven bajo la tiranía de una cúpula déspota, ruín y mezquina, ante la contemplanza de un panorama vacío y gris ante Sigue leyendo

The Savages, el conflicto bipolar

Tamara Jenkins, 2007

La controvertida cuestión de la custodia paternal por parte de los hijos, cuando los progenitores no pueden valerse por sí solos, es un tema a la orden del día en occidente. Una situación a la que la mayoría de la gente se enfrenta llegado el momento, salvo pérdidas, desarraigos o rebotes intrafraternales previos.

Ante la disyuntiva a la que se enfrentan los hijos entre cuidar personalmente a sus ancianos padres, o hacerlo a través de terceros o de residencias de ancianos, ningún punto de vista resulta cómodo la mayoría de las ocasiones. Los mayores, porque nacieron y crecieron con un modelo familiar más patriarcal que no contemplaba otra opción que la primera, la de los hijos, a menudo numerosos, que corrían con el cuidado y la custodia de los padres llegado el momento, algo que seguramente vivieron en primera persona. Y los actuales hijos, que no han conocido este modelo patriarcal que ha ido desapareciendo, porque en el transcurso de una o dos generaciones la mujer se ha incorporado al trabajo, por igualdad de derechos laborales conseguidos y sobre todo por la actual necesidad de dos salarios por techo, o porque la prole por núcleo familiar sobre la que repartir la responsabilidad y las tareas se ha reducido notablemente, se encuentran con la dificultad que supone dedicar gran parte de su tiempo al cuidado de los mayores.

Con esta perspectiva, Sigue leyendo

Cashback, recurriendo a lo superfluo

Sean Ellis, 2006

A partir del cortometraje del mismo título, nominado al Oscar en 2004 y ganador del Tribeca Film Festival o del Brest European Short Film Festival entre otros, Sean Ellis estira una trama que no da para más de los 18 minutos de aquel, convirtiéndola en hora y media (100 minutos, según versiones), dos años más tarde. Más que estirar, añade, pues el cortometraje inicial está íntegramente incrustado en el resultado que ahora tenemos en las carteleras de nuestro país.

Tras ser abandonado por su novia Suzy, Ben Willis (Bean Biggerstaff), estudiante londinense de arte, se pone a trabajar en el turno de noche de un supermercado, evitando así los desvelos provocados por el insomnio derivado de la ruptura.

Rodeado de un esperpéntico grupo de personajes que rozan el freakismo estereotipado, previsible y repetido sin piedad a lo largo de la historia del cine moderno, Ben contempla el entorno que le rodea desde la perspectiva de su mirada artística, retratando la belleza que encuentra en cada instante, en cada momento, mientras deambula por un mundo en el que Sigue leyendo

Deliciosos Cortometrajes, nueva proyección de ‘Debajo del ala’

La Asociacion de Vecinos “Manuel Viola” organiza la II Muestra de Deliciosos Cortometrajes, que tendrá lugar el próximo jueves 27 de septiembre a las 19:00 horas, en sus instalaciones de la calle Domingo Ram, 49 (Zaragoza).

En la muestra, coordinada por el profesor y crítico de cine Roberto Sánchez, se exhibirán un total de nueve cortometrajes entre los que se encuentra Debajo del ala, dirigido por Jose Barrena, y protagonizado por Juana Mª Escribano y Eduardo Paradera. Debajo del ala es un drama de corte romántico, de 20 minutos de duración, rodado en diversas localizaciones de Zaragoza, Tarazona y Navarra.

Se espera contar con la presencia de algunos de los autores.

Más información sobre el resto de cortometrajes proyectados aquí.

Cuidala bien, corto ganador en Delicias

Ayer concluyó la VI muestra de Cortometrajes Aragoneses, celebrada como viene siendo habitual en el Centro Cívico Delicias, y dentro de los actos programados en las fiestas de dicho barrio.

Tras un fin de semana de proyecciones, en el que se ha podido ver lo más representativo de la filmografía amateur aragonesa del último año, el recuento de los votos de los espectadores otorgó el premio del público al cortometraje “Cuídala bien”, de Javier Macipe.

Cuídala bien es un drama rural rodado en la localidad de Ariño (Teruel), y ambientado en los años 50. Cuenta con Jorge Usón, Patricia Abad, Javier Aranda y Gabriel Latorre como protagonistas, y se perfila como uno de los trabajos más interesantes del año.

En la muestra también se pudieron ver trabajos como el corto ‘Perceval’, de Pablo Aragués, que cuenta con un presupuesto de 200.000 euros, o el debut en este campo de Jose Barrena, con su trabajo Debajo del ala.

En el último de los tres días se rindió homenaje a Ramón Perdiguer y a la tertulia cinematográfica que lleva su nombre, y que desde hace ya bastantes años colabora en la difusión, crítica y fomento del cine en Zaragoza.