Paradise now

Hany Abu-Assad, 2005

Paradise Now es la historia de dos terroristas palestinos, enviados a Israel con explosivos pegados al cuerpo, para perpetrar sendos atentados suicidas.

El menú es muy completo: un palestino que cree tener claro cómo ayudar a la liberación de su pueblo, aunque serias dudas le atormentan; otro, que cree ciegamente que autoinmolarse es ganarse el cielo y ser un héroe; una madre y esposa que ha sufrido en sus carnes la cercenación del cabeza de su familia, víctima del conflicto; otra joven palestina que ha vivido en Europa y se ha “occidentalizado”, trayendo sentido común y raciocinio al lugar de los hechos; y por último, el imán de supermercado, líder de una supuesta organización (de tres al cuarto) de la resistencia, que promete el cielo de los justos y mártires a cambio portadores de bombas.

Todo esto ambientado en una Palestina destrozada, desmoralizada, con problemas de empleo, y unos habitantes con vidas anodinas, y cuyo principal entretenimiento es beber té y fumar en el campo, o en los locales donde además se autoflagelan con el látigo permanente de la existencia del enemigo opresor.

Ante esta carta tan repleta de platos variados, al director (palestino-holandés), Hany Abu-Assad, no se le ve el plumero de la empatía por ningún lado. Su objetivo está claro que no es el de polemizar sobre el conflicto, sino mostrarnos las piezas sociales y culturales del complicado puzzle, y dejar que cada uno se entretenga con ellas.

El trabajo de dirección está muy cuidado, y la historia no sólo nos viene contada por los personajes y los hechos. La ambientación de las calles con casas derruidas muestran el estado, no solo físico sino moral, en que están viviendo los palestinos. Una ausencia total de música a lo largo del metraje. La cámara al hombro utilizada en la dosis justa, sin complejos pero sin exageraciones, la fotografía sencillita, sin colorines, sin luces postizas, y extraordinarios momentos que reflejan el cuestionamiento, el debate interior que el protagonista tiene, como las repetidas veces que acaba cruzando la alambrada, sin una idea clara de qué hacer, qué dirección tomar.

Hany Abu-Assad sabe tirar muy bien de cada uno de estos hilos, llevando la historia por unos senderos en los que explora los sentimientos, los pensamientos, y sus causas. Pero aquí, donde lo fácil sería invitarnos a nosotros a cuestionarlos, nos facilita ese trabajo, dándoselo a los protagonistas, que continuamente estarán dándole vueltas a la noria de las razones por las que tomarán cada una de sus decisiones.

La producción (Palestina/Holanda/Alemania/Francia) triunfó en el festival de Berlín 2005, llevándose entre otros el premio a la mejor película europea, y además de pasear la cabeza bien alta por otros festivales, ganó también el Globo de Oro a la mejor extranjera en 2006.

En mi opinión, una cinta muy recomendable.