Love and honor

Yoji Yamada, 2006

Cartel de Love and honorCon la candidata en 2002 al Oscar a la mejor película en lengua extranjera “El ocaso del samurai“, Yoji Yamada abría la trilogía sobre la desmitificación del samurai, que vendría seguida por “The Hidden Blade” (2004), seleccionada en Berlín, y acabaría ese mismo año con “Love and Honor”, basada en el relato “The Blind Sword: Echo of Vengeance” de Shuhei Fujisawa, y que tras pasar por Valladolid, llega ahora a nuestro país, aunque supongo que a cuatro salas con cuentagotas.

Yamada, prolífico autor con casi 80 títulos en su haber, nos presenta la versión menos épica del samurai, la más doméstica u hogareña, pero sin renunciar en ningún momento a las bases de su razón de ser: los códigos del honor, el orgullo, la justicia, y en este caso también el amor.

Shinnojo Mimura, es un samurai de finales del periodo Edo, en el siglo XIX, al servicio de su majestad el emperador Sigue leyendo

Strawberry Shortcakes, buscando el sosiego

Hitoshi Yazaky, 2006

Basado en el manga del mismo nombre de la dibujante Kiriko Nanagan, el guionista Kyoko Inukai, ha escrito el libreto. Hitoshi Yazaky ha sido el encargado de realizar este ejercicio de cine pseudopoético que, en un entorno urbano del Tokyo actual y cosmopolita, nos retrata la desazón que, cada una a su manera, se ha alojado en la vida de cuatro jóvenes niponas.

Avatares amorosos, profesionales o existenciales, han llevado a las protagonistas de esta película a una vía muerta de la que no encuentran la forma de salir, alguna porque ni siquiera se ha planteado ponerse a buscar dicha salida.

Un argumento coral pero con una sola historia común, de gran calado intimista, con pinceladas de una sutil tragicomedia irónica, y de la mano de una acertada empatía no forzada, seduce en poco más de dos horas, gracias al gran talento narrativo del director y a sus actrices, con cuya interpretación ha llegado a rozar la perfección. De hecho, ese ha sido el motivo por el cual el jurado del BAFF le ha otorgado la mención especial este año.

Hitoshi Yazaky nació en Yamanashi en 1956, y cursó estudios universitarios de dirección de cine. Antes de empezar a dirigir, trabajó con los directores Shunichi Nagasaki y Sogo Ishii. Obtuvo gran éxito en festivales internacionales con su debut, Arternoon Breezes (1980), y más tarde con March comes in like a lion (1991) también le reportó reconocimiento internacional.

Sway (Yureru)

Miwa Nishikawa (2006)

Dos hermanos se reencuentran en la celebración del aniversario de la muerte de su madre. Takeru, el menor, fotógrafo de moda, moderno y cosmopolita habitante de Tokio, y Minoru, el mayor, que regenta la gasolinera del negocio familiar en su pueblo del interior, en el Japón tradicional y provinciano.

El reencuentro es difícil, incluso duro en algún momento, pues Minoru (el Japón más rural y tradicional) no entiende a Takeru, y éste (el Tokio más tecnológico y global) no acepta a su hermano mayor.

Entre ellos se encuentra Chieko, la novia de Mineru intentando ejercer de enlace hacia la modernidad, de puente para pasar al otro lado, y dejar atrás su anodina e inerte vida en el pueblo, pero también de ruptura, de dicotomía, de separación entre ambos mundos. Y es ahí precisamente, en un estrecho y debilitado puente, donde se sucede el nudo de esta historia, dando paso a una trama en la que ambos hermanos deberán viajar al fondo de sí mismos, para encontrar su verdadero punto de partida en sus vidas, y en esta distancia que les separa. Aunque tal vez el precio de este hallazgo sea un tanto caro.

Nishikawa, la directora de Female (2005) y Wild Berries (2003) realiza un más que aceptable retrato de la mentalidad de estas dos sociedades inmersas en un contenido recelo mutuo, desde el escenario de la autocrítica no confesa. Los dos personajes principales van descubriendo, no sin esfuerzo ni dolor, lo que son, lo que no quieren ser y lo que están dispuestos a sacrificar para no ser fagocitados el uno por el otro.

Una película interesante, con un final algo forzado pero que funciona, y en la que cabe destacar la interpretación de todos los actores, en especial Teruyuki Kawaga, que se desenvuelve a la perfección en ese pozo de emociones que es su personaje.

Sway puede verse esta semana en la AS (Asian Selection) del BAFF (Barcelona Asian Film Festival), así como en la actual edición del Festival de Cannes.

Buenas noches, y buena suerte

George Clooney, 2005

La película narra el duelo mediático que a principios Edgard R. Murrow, un presentador de la CBS, mantiene contra el senador McCarthy y su famosa caza de brujas.

Nadar contracorriente es algo a veces tan estimulante como arriesgado, y esa es la sensación que tengo cuando comento esta película: me parece muy sobrevalorada.

Empezaré por lo innegable. La cinta es de una factura técnica impecable, sólo por eso ya debería retractarme de lo anterior. Con una excelente dirección artística, nominada al Óscar, nos transporta al mundo de la realización televisiva de los 50, hasta el punto de sentirnos dentro de los estudios, más que viéndolos. La fotografía, dura, casi agresiva, en un blanco y negro que esta vez no recrea, y poco tiene que ver con el del cine de hace medio siglo, pero que concuerda muy bien con la dureza de la contienda, recortando los primeros planos contra la oscuridad del segundo plano.

La interpretación de Davis Strathairn es buena, sobria, mostrando toda la tensión y la guerra perfectamente premeditada y de alto riesgo que está encabezando su personaje.

Y por último, esos momentos musicales como pausas, como televisivas cuñas digestivas (que la película necesita para que su trama no se nos atragante), son absolutamente deliciosos.

Todo esto, a mi juicio, no compensa al film allí donde flaquea. La parte negativa es la propia historia en sí, que pese a su contundencia histórica, no consigue hacerme vibrar. No por falta de fuerza, que la tiene, sino por falta de narrativa, pues Clooney trabaja el argumento como un documental. Los hechos no son fílmicamente creados, sino que asistimos a su retrasmisión, lo cual está muy bien, pero aporta un escaso lenguaje audiovisual, por no decir nada de emoción, de sentimiento de in-justicia o de victoria ante la mentira.

La inexistencia de subtrama alguna (la historia del matrimonio clandestino no aporta nada, además de estar metida con calzador) desnuda los 93 minutos de cinta de cualquier contenido que pudiera desviar la atención del espectador, consiguiendo un indeseado soporífero efecto secundario en algunos momentos; vi demasiada gente en la sala carraspear, moverse en sus asientos, o levantándose al baño, y eso que es la más corta de la cartelera actual.

En resumen, me parece una película interesante, pero poco más, sobrevalorada, y excelentemente cobijada por la sombra de una buena campaña promocional.