XXY, ¿dónde estás, sexo mío?

Lucía Puenzo, 2007

Un cirujano plástico se desplaza con su mujer e hijo quinceañero a Uruguay, a casa de una familia (padres e hija también quinceañera) que vive en las afueras de un pueblo de pescadores. El motivo queda en el aire al inicio del metraje, pero conforme pasan los minutos, van apareciendo determinadas pistas que nos llevan a descubrir el conflicto que la niña Alex (Inés Efron) y sus padres (Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli) llevan afrontando y a la vez escondiendo desde el nacimiento de aquella.

Álex, que no es lo que parece, aunque tampoco es lo que no parece, y ahí reside el meolo de la historia, ejerce una particular atracción en Álvaro (Martín Piroyansky), el hijo de los huéspedes, que le llevará a un acercamiento-descubrimiento sobre sus sexualidades.

Interesante trabajo en la dirección de la directora argentina (La puta y la ballena) que ha sabido contarnos una historia difícil y lejana para el común de los públicos, y que va más allá del simple y típico descubrimiento de la identidad sexual adolescente, adentrándose en terrenos muy delicados, en los que los personajes tendrán que decidir hacia dónde se dirigen.

Muy correcto trabajo interpretativo en conjunto, pero sobre todo destacando la joven actriz Inés Efron, y el siempre solvente Darín, que una vez sí y otra también, es una grantía de acierto ante la cámara.

Una película directa, sin florituras ni sensiblerías, que raya en la dureza pero sin quedarse a vivir en ella, con unos paisajes agrestes y a menudo vacíos, a los que los protagonistas se mudaron para huir del bullicio y de los indiscretos que siempre acaban por volver.

Una historia con un desenlace lógico y adecuado, al que llega por un camino creíble, no sin antes enseñarnos un par de piedras encontradas en el mismo.Una película que ha ido echando a la saca diversos premios de diversos festivales en los últimos meses, Cannes incluído.

Aquí tenéis el trailer:

Whisky Romeo Zulú, ¿corrupción homicida?

A vueltas con otro film denuncia, en este caso de corte dramático y sin tintes documentalistas, aunque formalmente basado en hechos reales, me encuentro con este interesante trabajo de Enrique Piñeyro, que retrata los corroídos engranajes de la aviación civil argentina.

Piñeyro fue piloto de la compañía LAPA durante varios años, hasta que en 1999 abandonó la empresa debido a las presiones a las que fue sometido por sus continuas denuncias acerca de las irregularidades en materia de seguridad, tanto de la propia LAPA como de las fuerzas aéreas, que en aquel país ejercían el control del espacio aéreo del país.

Su trabajo de de piloto lo compaginó con el de actor, interviniendo en varios trabajos de diversa índole, hasta que, debido a su quijotesca contienda contra la compañía LAPA se embarcó primero en escritura del guión, y posterior dirección e interpretación, de la que ha sido su ópera prima, Whisky, Romeo, Zulú.

En las dos horas que dura, Piñeyro aprovecha su conocimiento del mundo aeronáutico comercial, y con sabiduría Sigue leyendo