Mil años de oración

Wayne Wang, 2007

Tras un distanciamiento de doce años, Shi (Henry O) viaja a Estados Unidos para reencontrarse con su hija Yilan (Faye Yu) que emigró y estableció allí su vida. Pero pese a convivir en casa de ella durante unos días, la relación entre ambos no evoluciona y sigue siendo fría y distante, propiciada principalmente por las diferencias culturales y generacionales, y por el poco empeño en fomentar el acercamiento, sobre todo por parte de Yilan.

Wang nos habla de incomunicación, de falta de interés en el contacto, el respeto o simplemente la preocupación por la otra persona, en lo relativo a la bibliotecaria hija, que utiliza el trabajo por el día, y su vida privada por la noche, para eludir en lo posible el contacto con su padre Shi.

Pero también nos hace Wang ese retrato del emigrante que se aferra a su cultura y a su modo de vida, los cuales se ha llevado de viaje con él y que, ignorante de que su hija ya no es su hija, sino una divorciada desconocida que no tiene ningún interés en mirar hacia atrás, trata de compartirlos con ella, como medio de acercamiento y establecimiento de vínculo fraternal.

Basada en el relato de la escritora Yiyun LiLos buenos deseos’, quien también adaptó posteriormente el guión, Mil años de oración viene a ser una metáfora subyacente sobre la desubicación del emigrante recién llegado, que no despierta simpatías, interés o ni siquiera un leve espíritu de acogida. Y son precisamente aquellos que se presentaron antes en un país que curiosamente ha nacido y crecido con esa amalgama de gente llegada de fuera, los que encontraron esa misma dificultad de integración, ese precio que se paga para entrar en la tierra prometida. Por eso ahora, como ejercicio de orgullosa reafirmación hacia sí mismos, y diferenciador clasista para con los que están todavía fuera de criba, colaboran en la pervivencia de esa actitud de afecto inerte que roza con el rechazo explícito, hacia aquellos que han venido y están ocupando casa sin que nadie les haya llamado, y que dejan bien claro a las primeras de cambio que cuestiones como las costumbres o incluso el idioma, han quedado atrás en ese proceso de purga que ellos sí han superado.

Es la del emigrante una figura que aparece aquí destilando un olor a tiempo pasado, a lugares lejanos, a historias no perdonadas bajo el ojo divino del vigente orden social establecido. Un emigrante cuyos esfuerzos por integrarse y aportar su grano de humanidad, a veces algo nimios, chocan contra la puerta cerrada del aprecio, teniendo que merodear por otros caminos relacionales, otras vías de escape vital por los que ya merodean otros emigrantes, ahora y siempre.

La película del hongkonés residente en Estados Unidos, que recibió la Concha de Oro en San Sebastián, y la Concha de Plata al Mejor Actor por Henry O, se disfruta como un paseo reposado, gracias a su agradable tono, a su ritmo pausado y a su equilibrio narrativo, por encima de dramatismos innecesarios.

Página oficial de la película.

Trailer.

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Una respuesta

  1. Este fin de semana fui a ver esta película y como lingüista me ha sorprendido la claridad y la genialidad con la que se ha tratado el tema de la barrera lingüística.

    Amelia
    http://blog-de-traduccion.trustedtranslations.com/

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