Obras maestras de oferta

La banalidad con la que algunos críticos califican de “Obra maestra” cualquiera de los estrenos de la cartelera semanal, contribuye a desmitificar no solo el término en sí, sino a perder la orientación o el sentido de referencia de la valoración fílmico-artística.

Atender a las críticas de una película para que nos permitan a priori, y también a toro pasado para contrastar opiniones, situarla en una determinada categoría o posición del ranking en función de su calidad, se cae de cajón que como ejercicio debe hacerse siempre teniendo en cuenta la total ausencia de objetividad tanto nuestra como del sufrido crítico que pone las estrellitas.

En un alarde de imaginación, podríamos suponer que la objetividad no fuera un imposible, que como en la suma de dos más dos, esto del cine fuera una ciencia exacta (¡qué horror!), y que todo el maremagnum de críticos, espectadores y cineastas opinadores en general, con la oportunidad o el oficio de evaluar el último estreno de fulano de tal con una nota de uno a diez puntos, o de cero a cinco estrellitas, que obliga a pensar menos y ayuda a decidir antes en qué sala comernos las palomitas estuvieran unánimemente de acuerdo en el juicio emitido.

Aun en ese irreal e irracional supuesto habría un caso (que cuando volvamos a la realidad de la multiplicidad de opiniones, cada uno se aplique al cuento) que a menudo me encuentro cuando busco referencias varias sobre diversas películas, para elegir con cuál me como mis palomitas frente al DVD de mi casa, pues como ya me habéis leído en más de una ocasión, mi organismo rechaza casi fisiológicamente oír las aterciopeladas voces de Forrest Gumb o de la Mamba Negra en el 60 por ciento de las producciones que se exhiben dobladas, que en esta ciudad inmortal y amante de la cultura me encuentro en todas toditas las salas comerciales incluidos los, en otros lares algo más puristas que aquí, cines Renoir. Así me va, que casi nunca veo cine al día.

Me refiero a la asignación, ciertos medios especializados o no suelen hacer más a menudo de lo razonable, del epíteto “obra maestra” a alguna película de las que viernes a viernes se van dejando caer por las carteleras, ahora ya voy a decir que de todo el planisferio (perdón, que en esta santa ciudad el 75% de lo estrenado viene de un solo país, ya sabemos cual). Un diploma cuyo uso moderado, cuando debería ser ocasionalmente esporádico e incluso escaso, acaba teniendo el efecto de perder esa aura exclusivista que se le pretende y supone, y al acabar el año nos encontramos con que han pasado por delante de nuestras narices diez o doce obras maestras, una por mes.

Sus razones tendrán los críticos para esa generosidad, y no me voy a meter con ellos, salvo que discrepar con su criterio tenga esa consideración. Pero a la hora de reconocer por un sector especializado que una película puede considerarse una obra maestra, deben concurrir dos circunstancias principales, y esto es algo que no está pasando.

La primera, la que comentaba al principio esa coincidencia al hablar de unificación de criterios, ocurre muy pocas veces. Me canso de leer al entusiasta que califica de “obra maestra”, la película que su colega de otra provincia o de otro medio nos advierte de “fallida”. Pero supongamos, como dije antes, que esa bendita disparidad de criterios desapareciera, y nos sumiéramos en un orweliano mundo de equidad y uniformidad de opiniones sobre las películas. Y vayamos a…

La segunda y fundamental condición para que una película pueda ser considerada como obra maestra es, ni más ni menos que su victorioso deambular con pecho henchido a través del discurrir temporal, su permanencia en lo más alto de la consideración general durante años, incluso décadas, de evolución social y cultural de la población. Eso es lo que no le ocurre a numerosos títulos que, mes tras mes, ven desinflarse como el globo que el niño abandona después de jugar con él, el status de obra magna que tan simpáticamente se encontraron una mañana en el buzón.

Solo así, cuando una gran película sigue siendo gran película a pesar de que transcurra el tiempo, y por eso, títulos como “El séptimo sello”, “La mujer del cuadro” o “El espíritu de la colmena” (no pretendo abrir aquí un debate, sólo poner ejemplos) fueron grandes películas cuando se estrenaron, pero sin alcanzar la divinificación que otroga el término de obra maestra. Eso vendría después, cuando el tiempo no les ha quitado esa grandeza ahora ya perenne, otorgándoles ese carácter atemporal que toda producción debe demostrar para poder entrar en el Olimpo.

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6 comentarios

  1. Estoy de acuerdo contigo, pero no del todo.

    Empezaré por la parte en la que estoy de acuerdo: se otorgan demasiadas estrellitas y se utiliza demasiado a menudo el término “obra maestra” tal y como bien decías, pero personalmente no me lo suelo tomar en serio porque entiendo que en muchas ocasiones viene de la mano del márqueting más que de la crítica seria a la película.

    Por otra parte, discrepo en un detalle, matiz si quieres, respecto a la encumbración de las películas a través del tiempo. Es decir, estoy de acuerdo en que como ocurre en literatura (un mundo en el cual a ningún crítico se le ocurre tildar de “obra maestra” un libro recién salido al mercado) las “obras maestras” son dictadas por el transcurrir del tiempo y de cómo éstas se mantengan con el paso de los años, pero ahí debo defender al crítico que, entre otras muchas funciones, creo debe tener el ojo avizor para detectar, en cuanto sale una película, si será o no recordada. Me explico: a pesar de su maluso, el concepto de “obra maestra” no creo que deba ser aplicado exclusivamente a aquellas películas que pasan el examen temporal, sino que el crítico (entiendo a éste como una persona especializada) debe poner de manifiesto cuándo una recién nacida película es una obra maestra. ¿Que corre el riesgo de equivocarse? ¡Por supuesto! Pero por suerte esto de la crítica no es matemática, como bien decías tú, y el crítico, aunque a veces no lo parezca, es un ser humano (me ha quedado un poco al estilo de “El hombre elefante”, pero bueno…) y puede errar. Digo esto porque dejando la calificación de “obra maestra sólo a la merced del tiempo podemos caer en la desafortunada situación de convertir a las obras contemporáneas en simples juguetes rotos, y creo que desde lo coetáneo también se puede hacer obras maestras. Además, ¿no estamos ya cansados de leer sobre artistas que sólo triunfaron después de morir? ;)

    Un saludo y perdona por el rollo.

  2. Hola Mónica, muchas gracias por tu comentario. Entro un pelín más en detalle.

    Desde el punto de vista comercial entiendo que se tienda a valorar una película con la máxima catalogación posible, pensando en su consumo a corto plazo.
    Pero teniendo en cuenta que una obra de arte en sentido estricto no está destinada al consumo, sino al disfrute, a la cultura y a la comunicación, una obra maestra debe garantizar esas premisas ahora y en el futuro.

    Por otro lado, estoy de acuerdo contigo con que el crítico debe tratar de anticiparse y, gracias a su experiencia y sus conocimientos, detectar el germen de esa obra maestra y ponerlo en conocimiento. Ahora bien, la situación que planteo no es una queja por alguna crítica equivocada hecha de vez en cuando por una persona falible, sino la facilidad con que se frivoliza a veces para valorar muy positivamente, y eso no es un error sino una conducta, que puede venir condicionada por el propio crítico y su habilidad profesional, o impuesta por el medio mismo en el que el crítico escribe, o tal vez por presiones comerciales externas, y aquí conozco algún caso (por eso nombraba antes a los críticos, pero sin apuntarles directamente a ellos con el dedo).

    Ningún perdón, al contrario, esta tu casa.
    pfa

  3. Yo creo que nunca he puesto el maximo de puntuacion a una pelicula solo con el primer visionado. Creo que eso es cosa de esas peliculas que las ves cientos de veces y nunca te cansas de ellas, esas que cada vez que ves encuentras algo nuevo destacable y que, cuando acaba, tienes ganas de volverla a ver de nuevo. Para mi, una obra maestra es eso.

    Un saludo!!!

  4. Hola Sergio

    Tengo un amigo que cada vez que acaba de ver una película de Jackie Chan está deseando volver a verla, y si es de Chuck Norris también, jajajaja.
    Es broma, coincido contigo.

    Un saludo

  5. Por cierto, se me olvidó decirte que me ha gustado mucho el artículo y especialmente el título :D Muy gráfico y capta muy bien la idea de la que hablas. ¡Felicidades!

  6. Muy amable de tu parte, eres un sol; y ya sabes que cuando toque decir lo contrario tienes toda la confianza para hacerlo. De la crítica constructiva se aprende, y aquí, la mayoría estamos para eso.
    Un abrazo.

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