“Un tiro en la cabeza”, nueva película de Jaime Rosales

Jaime RosalesA Rosales ya le rondaba alguna idea por la cabeza sobre este tema, cuando el pasado 2 de diciembre desayunaba con la noticia (al igual que muchos) del asesinato de dos guardias civiles (Fernando Trapero y Raúl Centeno) a manos de tres etarras, tras un encuentro fortuito en una cafetería en Capbreton, en Las Landas, Francia.

Según comentaba el propio Rosales al diario El país, aquella noticia “Me perturbó mucho. No era como los demás atentados, en realidad no era un atentado, sino un encuentro fortuito, evitable, y a la vez terrorífico”. A partir de aquí, y durante una semana, escribió el guión de “Un tiro en la cabeza”, título tan impactante como la historia que cuenta, en la que utilizando aquel atentado como escenario, especula sobre la parte más cotidiana de la vida de un terrorista.

El guión no fue el único trabajo de esta producción realizado en un tiempo récord, pues el rodaje, del que se ha sabido muy poco hasta ahora, se ha completado íntegramente en dos semanas, las cuales además coincidieron con la ceremonia de los Goya en la que tuvo que “entretenerse” un par de días, por las razones que todos sabemos.

A pesar de sus “sólo” dos trabajos anteriores, hablar de Jaime Rosales ya es hablar de cine serio, más allá de cualquier frivolidad.  No en vano esos dos títulos (Las horas del día y La soledad, 2006) han pasado ya por Cannes, cosa de la que muy pocos pueden presumir, y su intención es presentar “Un tiro en la cabeza” en la edición de 2008, aunque su estreno en salas no está previsto hasta octubre.

Por eso podemos prever que su próxima película volverá nuevamente a dejar muy poca indiferencia entre el público, tanto por el argumento, como por la forma, o el tema que pone sobre la mesa.

Después de Las horas del día, donde se tocaba de lleno el tema del asesinato a sangre fría, y más concretamente la cotidianeidad del asesino, o de La soledad, donde veíamos de refilón la presencia del terrorismo, en este nuevo trabajo Rosales vuelve a sumergirse en este tema, aunando ahora ambas cuestiones.  Y lo hace para hablarnos de nuevo de soledad, de incomunicación, o de política mal utilizada, como dijo en la entrevista: “La gente habla mucho y, sin embargo, no escucha. La película tiene muchas lecturas y la política, para mí, es que todos los partidos intentan convencer al otro, pero nadie escucha. Hoy en día no tiene tanto sentido hablar de defender a un bando u otro. Hay problemas que hay que resolver entre todos. No se trata de echar culpas a los otros. Si se quiere derrotar al terrorismo, no llegaremos a una solución; si el terrorismo quiere vencer a la democracia, tampoco podrá. Si todos vivimos en compartimentos estancos, nada se resolverá. Esto se soluciona escuchando”.

Imagen de Un tiro en la cabeza, cuya duración prevista será de 60 minutos, está rodada con teleobjetivos, de lejos y no se escuchan los diálogos, si bien la primera idea del director era hacer una película totalmente muda.  Esta distancia, además de una denuncia sobre la incomunicación, es una forma de hacer participar al espectador como tal, como voayeur de algo en lo que no está involucrado, pero quiere ser testigo, y tal vez entenderlo.

Las localizaciones elegidas han sido en su mayoría de San Sebastián, y una parte en la región de Las Landas. Y en cuanto al elenco, Rosales se la juega de nuevo, volviendo a prescindir de nombres de peso o actores consolidados; la mayor parte del reparto recae en el propio personal de rodaje, y el protagonista es Ion Arretxe, director artístico y diseñador de producción de esta y de otras muchas películas, habiendo otros papeles para los ayudantes de producción y otros técnicos.

Rosales vuelve así a mantener abierta la puerta del cine sencillista, austero de medios y de presupuestos, de rápida producción y técnicamente fácil, con un equipo sólo de once personas, sin grandes planteamientos escénicos, ni trabajos visuales complejos, pero no por ello con un resultado insípido, flojo o banal, sino todo lo contrario.  Viene a demostrarnos que el cine de cuatro duros también puede ser de cinco estrellas, algo que tal vez sirva de ejemplo a los lloricas que no asumen que la gallina de los huevos de oro de la distribución esté cambiando hacia formas menos macrolucrativas que las habituales hasta ahora.

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Una respuesta

  1. enhorabuena por atreverte a acabar con el miedo en este país, gracias de todo corazón, concha calvo, tu amiga.

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