Whisky Romeo Zulú, ¿corrupción homicida?

A vueltas con otro film denuncia, en este caso de corte dramático y sin tintes documentalistas, aunque formalmente basado en hechos reales, me encuentro con este interesante trabajo de Enrique Piñeyro, que retrata los corroídos engranajes de la aviación civil argentina.

Piñeyro fue piloto de la compañía LAPA durante varios años, hasta que en 1999 abandonó la empresa debido a las presiones a las que fue sometido por sus continuas denuncias acerca de las irregularidades en materia de seguridad, tanto de la propia LAPA como de las fuerzas aéreas, que en aquel país ejercían el control del espacio aéreo del país.

Su trabajo de de piloto lo compaginó con el de actor, interviniendo en varios trabajos de diversa índole, hasta que, debido a su quijotesca contienda contra la compañía LAPA se embarcó primero en escritura del guión, y posterior dirección e interpretación, de la que ha sido su ópera prima, Whisky, Romeo, Zulú.

En las dos horas que dura, Piñeyro aprovecha su conocimiento del mundo aeronáutico comercial, y con sabiduría de cicerone nos hace un recorrido con notable realismo por el interior de las cabinas, los opacos despachos, o las relaciones entre pilotos, auxiliares y demás personal del gremio, operativo, administrativo y principalmente jerárquico y directivo.

La presentación y la ambientación son buenas, y el contenido está cuidado en cuanto a la trama denuncia. Para darle un tono más humano, conoceremos a la amante del propio Piñeyro, retratada con cierto tufillo maloliente de rencor, el que se respira cuando vemos cómo se comporta la pobre señora tanto en la cama como al otro lado de la mesa de las negociaciones. Me suena más, como digo, a venganza servida en el plato frío de un guión flagelante, que tal vez no hubiera sido necesaria.

Con un cuentagótico ritmo, las irregularidades en materia de seguridad van apareciendo, los controles técnicos ignorados, la preparación de los pilotos descuidada, las reclamaciones del personal ignoradas, todo ello para reducir unos costes en mano de obra y en materiales, que al final acabaron por pasar factura, una minuta demasiado cara.

La ineficacia de unos, la corrupción de otros, y el miedo a perder su trabajo de la mayoría, fueron los catalizadores de las circunstancias que acabaron en el previsible y predecido accidente aéreo de agosto de 1999, cuando un Boeing 737 de LAPA se estrelló sobre una zona de Buenos Aires, nada más despegar, con la triste cifra de 67 muertos.

En contra, me animaré a apuntar cierto aire de endiosamiento autobombístico que no puede disimular, ni en la película ni en el documental “Fuerza Aérea Sociedad Anónima”, que realizado dos años después, y con una presentación efectiva pero empalagosa, aporta datos, hechos y nombres, que pone contra las cuerdas a la cúpula de las fuerzas aéreas argentinas, a la vez que nos recuerda la suerte que tenemos de que exista el señor Piñeyro.

Resumiendo, una entretenida visión catastrofista de una catastrófica situación en los cielos de aquel país, que tengo apuntado en mi lista de futuros destinos turísticos, pero al que tal vez vaya en barco.

A continuación os dejo el trailer del largometraje.

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