Caótica Ana, la cuenta atrás de las profundidades

Tras su retirada a los cuarteles de invierno, allá por el 2003, donde a buen seguro ha estado (además de trabajando) lamiéndose las heridas provocadas por la crítica y la opinión tras su estreno por aquel entonces del documental La pelota vasca, Julio Medem volvió el viernes pasado a la cartelera española.

Caótica Ana aparece siete años después de su último largometraje, Lucía y el sexo, y también siete años después de la muerte accidental de su hermana Ana, a quien dedica la película, y de la que firma incluso un póstumo cameo, cuyo nombre aparece escrito en el sobre de una carta que el padre envía a la protagonista.

Como no podía ser de otra forma, Medem nos pone en la mesa de operaciones una historia compleja, y se lanza a diseccionar los entresijos del subconsciente de sus protagonistas, con esa habilidad y dominio que acostumbra a desarrollar, y con una dual linealidad en su desarrollo, de temporalidad positiva hacia delante, y de introversión negativa, hacia el fondo, hacia el pasado.

Mediante la excusa de la hipnosis, y paso a paso en una cuenta regresiva del diez al cero, iremos acercándonos al interior de ese caos que se esconde en la protagonista de la historia. Ana (Manuela Vellés) es una joven artista que no sabe que tiene una conexión con otras muchas jóvenes que estuvieron aquí antes que ella, que a lo largo del tiempo han dejado su huella en la historia, y un poso en su subconsciente que, como pinceladas de óleo, han ido dando cuerpo y color a su lienzo, al cuadro que hoy podemos ver en ella. Un cuadro que, como ocurría en Tierra, la protagonista deberá aprender a conocer, y a vivir con él.

Deambulando nuevamente por el filo de la metafísica y del surrealismo visual y metafórico, el director donostiarra bucea en el interior de ese personaje que, sin ser biográfico, sí que está construido con la imagen de la otra Ana, la Medem, de fondo, y con el que repite fórmula, tejiendo una historia circular que provoca una discreta tensión emocional en el espectador a medida que se acerca al final del metraje, recordando, aunque levemente, la angustia de los últimos compases de la estupenda Los amantes del Círculo Polar, aunque sin alcanzar el brillo de aquella e incluso pecando de cierto exceso de ralentí.

Caótica Ana es una historia de mujeres, de madres, de amor materno por el hombre o por la especie humana, y del sacrificio que generación tras generación, ha tenido que ir sufriendo. Una película en la que por primera vez la banda sonora no está a cargo de Alberto Iglesias, siendo Jocelyn Puck (El mercader de Venecia, Eyes Wide Shut) la responsable de los acordes esta ocasión.

Para los que no la hayáis visto, aquí tenéis el trailer.

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