Las bragas de mi vecina

Una de las circunstancias, o características idiosincrásicas que como un mueble vanguardista adornan este entorno temporal que nos toca vivir, que dejaría bizco de estupor y tal vez de pánico sobrenatural a nuestros abuelos, es la revolución de revoluciones que nos encontramos cada mañana al levantarnos.  Me refiero a la rapidez con que aparecen novedades, diseños o tecnología, a la fugacidad con la que mueren muchos de ellos, y al hervidero de información que semejante movimiento supone.

Entre teléfonos móviles y otras electrónicas de comunicación cuyas instrucciones tardan en leerse más que en esperar a la versión siguiente del aparato, vehículos que ponen en evidencia la habilidad y a veces el sentido común de su usuario, o la continua retahíla de mendigos que durante cuatro días se visten de príncipes del estrellato gracias a proxenetas operaciones triunfo o grandes y vampíricos hermanos, de vez en cuando aparecen otras revoluciones, las gordas, las que cambian no solo los hábitos sino también las reglas de nuestra comunidad de vecinos, para desesperación de la del quinto, o regocijo del abuelete del tercero, que curiosamente no se habla con aquella por un quítame allá esa ropa del tendedor.

Pues resulta que ahora, cuando el ciudadano del mundo lleva años balanceándose tranquilo en la mecedora del porche, al abrigo de la calma reportada por variopintos tipos de seguros de riesgo (hogar, automóvil, caza, decesos, etc.) y sus incontables beneficios para el consumidor y para la multinacional elegida por éste, nos podemos encontrar con la (re)evolución de los mismos, y la posible desaparición de esta forma de sedante que permite dormir tranquilo vía restitución de hipotéticos daños físicos, económicos o sentimentales, en caso de sobrevenida desgracia.

En paralelo con la otra gran (re)evolución, la de la información compartida, que parece que fue ayer cuando empezó a zarandearnos por la pechera y abofetearnos con el cariño de quien quiere abrirnos los ojos, y tal vez contagiada por aquella, está apareciendo otra tendencia de corporativismo global (ya me falta poco para empezar a cogerle grima a esta palabra), altruismo ciudadano o socialsolidaria administración, que consista en unirnos a todos los ciudadanos cual cooperativa de pueblo o economato de barrio, para afrontar posibles perjuicios a los que cualquiera de nosotros se vea expuesto por los a veces caprichosos avatares del destino.

Esta propuesta ya está funcionando hace tiempo con la vecina del quinto de mi escalera, la que tiene una lencería en la esquina, para la cual el presidente de nuestra comunidad ha dictaminado que entre todos aportemos esa gotita extra del sudor de nuestra frente para así poder compensarle posibles problemas que pueda tener la mujer, si de pronto las marujas dejan de comprarle bragas que ella misma teje a ganchillo, porque empiezan a comprarlas en otras tiendas, a heredarlas de madres a hijas, o a intercambiarlas y a compartirlas entre amigas, haciendo gala de esa práctica sucia y guarreta, que deja bien claro el deleznable tipo de personas que son.

Y para que no se note, esa contribución la hacemos en primer lugar con un leve incremento del recibo de la comunidad, seguidamente otro en el del gas, más tarde el correspondiente de la luz, luego el del teléfono, y también un pequeño recargo en el precio del pan.  Pequeñas e insignificantes dádivas todas ellas que acaban en la cuenta de nuestra vecinita, que tan educadamente expuso hace algunas reuniones sus preocupaciones por la bajada de sus bragas (de las ventas, debía querer decir).

Por supuesto hay vecinos que no están muy deacuerdo con la iniciativa.  En particular el del tercero, pero yo creo que se queja porque le tiene manía, seguro que tuvieron algo en el pasado, o precisamente no lo tuvieron… En cualquier caso da igual, tenemos al presidente de nuestra parte, y eso es lo que realmente importa, tenga razón quien la tenga.

Esta dinámica está siendo exportada y copiada a mayor escala por otros organismos que no solo la utilizan, sino que la aplauden e incluso tratan de fomentarla.  La semana pasada leí en el periódico Heraldo de Aragón que José Luis Borau, nuevo presidente de la SGAE, ha dicho que “el canon se utiliza para evitar posibles perjuicios a los autores, y que ese daño se asume entre todos los usuarios con porciones mínimas“(*), lo que indica bien a las claras que estamos contribuyendo (ya ocurría antes de que llegara Borau) solidariamente a la cobertura de riesgos de ese colectivo, en caso de que como mi vecina del tercero, empiecen a tener ‘posibles perjuicios’, como vender menos bragas, por ejemplo.  También dice Borau en el diario El País que “Lo critican porque grava una ‘teórica utilización’, y es cierto, pero es un mal menor hasta que se dé con un método más milimétrico. Además, el canon son unos céntimos miserables”.

Ya ven ustedes.  Queda claro que mi comunidad de vecinos será recordada en los anales de la historia por ser la pionera de una nueva revolución solidaria que dio al traste con el emporio de las aseguradoras.  MAPFRE, Zurich, Winterthur… ya están temblando.  ¿O no?  Al fin y al cabo, si empiezan a perder clientes, algún día habrá que compensarles también a ellos.  Vamos, digo yo.

(*) La entrevista que aparece en la versión digital del periódico está reducida y este comentario sólo aparece en la edición en papel, del día 18/07/07 en la página 38, sección Galería.

Anuncios

2 comentarios

  1. Tienes razón, peero amarillo o como coño te llames, al final el plato ro lo pagamos el usuario de a pie….esto de la sgae comienza a tener un ligero tufillo a negociete que se han montado los que realmente ya ¨” estan montados “.

    Saludos y despierta, no te vayas a dormir debajo del ala.

  2. Hola Julio Medem. Me alegro de tener algún comentario, últimamente escasean por este blog.
    Eso de dormirme debajo del ala… ¿va con segundas? ¿nos conocemos?
    En cualquier caso, un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: