Bajo las estrellas, un western suburbial

Félix Viscarret, 2007

Por la puerta grande de la pasada edición del Festival de Cine de Málaga, salió sacando pecho esta película del debutante Félix Viscarret, basada en la novela El trompetista del Utopía, de Fernando Aramburu, y producida por Trueba padre.  Con galardones en el bolsillo como la Biznaga de Oro a la mejor película, a la dirección, al guión o el premio al mejor actor, Viscarret nos habla de segundas oportunidades, de caminos con giros a veces inesperados, o de cómo en ocasiones se puede acabar encontrando lo que no se buscaba.

Benito Lacunza (Alberto Sanjuán) es un despreocupado e irresponsable proyecto de canalla, un crápula que apenas hace otra cosa que deambular por las noches, trompeteando por los bares para sacarse algún dinero que le permita seguir subsistiendo, aunque sea a la deriva.  Cuando acude a su pueblo por la muerte de su padre, se encontrará con su pasado, que también ha ido dando tumbos aunque en direcciones diferentes pero igualmente descarriadas. Felix Viscarret ha elegido un estilo callejero, pero no estrictamente urbano, sino más bien rural o arrabalero, llevándonos hasta Estella, Navarra, donde conoceremos a Lalo (espléndido también Julián Villagrán) hermano de Benito que utiliza chatarra para crear arte (interesante metáfora) mientras lucha contra su inestabilidad mental y un alcoholismo mal curado, y a Nines (Emma Suárez), antigua amiga de la adolescencia y ahora cuñada de oficio, al ser la novia del hermano.

Conforme avanza la historia se va produciendo un proceso de purificación, de constricción involuntaria en cada personaje, cada uno con su propio motor de arranque.  En el caso de Benito, lo veremos involucrarse por primera vez en causas tan mundanas como cercanas, asumiendo un papel de héroe protector de lo suyo y de los suyos, que incluso se desmarca con ideologías políticas (pedazo de calzador el que tiene que utilizar Viscarret para regalarnos la escena referida, pese a formar parte de la novela) pero sobre todo lo veremos disimulando el reblandecimiento de su benitoespíritu y el desplome de sus sórdidos esquemas cuando conoce a Ainara (Violeta Rodríguez, hija de David Trueba y Ariadna Gil), la hija de Nines, quién tampoco parece echar en falta el padre que no tiene.

Una fotografía dura, grumosa, casi sucia, pero a la vez muy luminosa, nos transmite cierta sensación barriobajera pero no miserable, acompañando a una gran puesta en escena y una cuidada banda sonora de Mikel Salas que puntea con soltura tanto los momentos de acción como los de transición.  Una película en cuyo montaje Viscarret ha querido jugar con la cámara, haciendo de vez en cuando algún que otro movimiento extraño, determinadas travesuras con el eje, o incluso algunos cuestionables juegos en el plano-contraplano.  No es que chirríen demasiado, casi al contrario, se podría llegar a agradecer su osadía a la hora de experimentar formas, aunque no sepamos si lo hace por ofrecer tratamientos diferentes, o simplemente por deambular buscando su estilo propio.

Película agradable de ver, reflexiva y educadora, muy humana, interesante aunque no magistral, pero sí prometedora y sugerente de prestar atención a venideros trabajos del navarro.

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