La Soledad

lasoledad2.jpglasoledad2.jpgJaime

Jaime Rosales, 2007 

En su anterior y primera película, “Las horas del día” (premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes de 2005), Jaime Rosales nos dejaba entre otras gratas sensaciones la de encontrarnos ante un director alejado de los habituales cánones narrativos del cine cartelario, y que se movía con la barbilla bien alta por los terrenos de ese género llamado independiente, tan postizo, barato y sobrevalorado actualmente, que no deja de autofagocitarse y prostituirse estratégicamente como mero reclamo comercial destinado a los sectores del público poco amantes del pop corn.

La propuesta que nos hace Rosales en su segundo trabajo podría ser cine independiente, o cine de autor, que a veces monta tanto, pero no siempre. Lo cierto es que en ocasiones la línea que separa la independencia del encargo es fácilmente franqueable, o incluso imperceptible, pues el propio autor podría haber negociado el alcance de su libertad creativa antes de firmar el contrato, y por tanto estaríamos hablando de ese punto óptimo de una negociación, que se da cuando ninguna de las partes está enteramente satisfecha, y no de una coacción impuesta sobre su horizonte artístico. El propio Jaime ha declarado a raíz de la película que nos ocupa que no le interesa el comercialismo ni el espectáculo, aunque esta aseveración va dirigida, por supuesto, a quienes no conozcan su por ahora reducida obra. Los demás, ya lo íbamos sabiendo.

La soledad es un excelente soplo de fresca brisa cinematográfica, que pasó fugazmente por la cartelera zaragozana dejándonos la misma cara de tontos que a los habitantes de Villar del Río les dejó la comitiva americana. Afortunadamente, no me encuentro entre los que se la perdieron, pues tuve ocasión de verla in extremis el jueves previo a su retirada, pero era ese sentimiento referido un suspiro de solidaria tristeza hacia los cinéfilos de esta ciudad que hayan perdido la ocasión de verla en pantalla grande.

La película llama la atención nada más empezar debido al uso de la polivisión, que consiste en dividir la pantalla verticalmente en dos mitades, y mostrarnos en cada una la misma escena, tomada con dos cámaras ubicadas en dos angulos distintos: dos puntos de vista sobre dos historias de dos mujeres, Adela y Antonia, que experimentan pérdidas, dolor, cariño, y la inercia de un camino a seguir, con o sin una motivación demasiado clara, y sin un destino pretendido al final del camino.

Gracias a la innovación visual, pero sobre todo a su estudiado uso y a su poco abuso (tan solo un tercio del tiempo de metraje se usa esta técnica), la utilización de la polivisión no cansa en absoluto, incluso a veces sirve de tour de force al ser utilizado para darle a ciertos diálogos una contundencia brutal gracias a esos primeros planos frontales a la cámara.

Una excelente interpretación con aroma a Goya de las cinco actrices que componen el reparto, encabezadas por Petra Martínez y Sonia Almarcha, nos introduce en el magnífico relato de la cotidianeidad de unas vidas con las que fácilmente podemos empatizar, gracias al realismo perfilado por los personajes, por sus diálogos, por la verosímil aparición inesperada de las tragedias, o por tecnicalismos como el formidable tratamiento del sonido, o la ausencia de música en todo el metraje.

AutobusConflictos fraternales, relaciones postmaritales, herencias a repartir, o espadas de Damocles en forma de diagnósticos indeseados, forman este conglomerado donde la compañía de otras personas no es el remedio contra la soledad propia, tal como nos quiere mostrar Rosales con los dos puntos de vista que ofrece en pantalla, dispuestos de forma que a menudo los personajes salen por un lateral del (re) encuadre, para entrar por el otro, como en círculo vicioso del que no consiguieran acabar de salir.

Con esta, su segunda película, Jaime Rosales ha pasado su nombre de nuevo por Cannes, esta vez en la sección “Una cierta mirada”. Yo prometo no perderme la tercera.

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Una respuesta

  1. Hola Jose, acabo de leer tu elogioso comentario sobre LA SOLEDAD, vuelves a dejarme con la sensación de que debería de haber ido al cine a verla y de que me he perdido algo muy bueno. Me ha gustado mucho como planteas tu comentario y sobre todo la forma en que lo haces se nota que la tertulia perdiguer y todo el interés que pones en este y otra temas está calando.

    Cuidate y polivisionizate

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