El próximo Oriente

Fernando Colomo, 2006

A estas alturas, ya debería estar Colomo algo más curtido en cuanto al acabado de sus trabajos. Ya tiene cierto bagaje, que si bien no es el de un prolífico incansable, si que tiene ya algunos tiritos pegados. Y digo esto, porque ‘El próximo oriente’ es una película interesante (ojo con el término), con buenos mimbres, pero también con algunos agujeros por los que hace más agua que el Titánic.

Un petimetre (Caín/Javier Cifrián), bonachón, torpe y simpático busca sin éxito novia y matrimonio, y encuentra su oportunidad de oro en el desplante que su hermano, crápula, oportunista y mujeriego, le da a su vecina musulmana (Aisha/Nur Al Levi), dejándola embarazada. Con esta excusa, y la complicidad de la vecina para no humillar al padre de esta, simula la autoría de la paternidad y la consiguiente boda.

La historia está bien, es intensa, y casi vertiginosa, tanto que en el minuto 10 ya ha terminado la exposición, y dado el guión el giro necesario y convincente para meternos en el nudo con interés. Este guión, firmado por el propio Colomo y por Joaquín Oristell, retrata con gracia y soltura algunas de las diferencias y coincidencias entre las religiones y culturas islámica y cristiana, poniendo de manifiesto que la relevancia de ambos conceptos no es más que la que cada uno le quiera dar. Curioso el nombre de algunos de los personajes: Caín, Abel, Milagros, Cristo, Adán, Fátima…

La trama, comedia de enredo, no cae en la simplicidad, y teje correctamente la sensiblería necesaria en este tipo de argumentos con un rigor y un respeto que no le dejan que se desmonte, salvo en algunos momentos finales, con artimañas reblandecedoras para terminar de atar (con nudos algo flojitos) los cabos sueltos. Con los minutos, la historia avanza incorporando nuevos elementos, o retomando algunos aparcados, de forma que ni aburre ni cansa.

Donde la película flojea, y bastante, es en la interpretación de los actores, sobre todo la de ella, Nul Al Levi, pésima ante la cámara, tanto por ella como por (sobre todo) la labor del director en este aspecto. El resto del elenco también realiza un trabajo muy pobre en ese sentido, salvándose tal vez Laura Cepeda, y especialmente Javier Cifrián, que se echa todo el peso interpretativo de la película a sus espaldas, con un personaje que lo permite y lo requiere, y aunque está nominado para el Goya al actor revelación, y puede que lo merezca, tampoco es para echar cohetes.
Una película sin pretensiones, y si las tenía Colomo, mejor que no lo diga, pero que es resultona gracias a su honestidad y simpatía, recomendable para cuando se está dispuesto a no exigir demasiado.

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