El nacionalismo en la producción de cine
Tras la reciente salida a la calle de la Ley del cine, y dando éste tema por zanjado cual plato de lentejas (para regocijo de unos y escozor testicular de otros, como todo movimiento de ficha de parchís se merece), la nueva piedra en el camino, o grano en salva sea la parte de la industria cinematográfica española, que está apareciendo y consolidándose ahora, es la tendencia que a nivel autonómico vienen alumbrando determinadas comunidades a la hora de respaldar proyectos, consistente en llevarse a (o mantener en) su huerto todo el capital humano o empresarial posible, con el ¿honorable? fin de revitalizar su propio tejido productivo audiovisual, mover su propio remo, a costa del sacrificio del rumbo del barco, si es que este va a algún sitio.
Juan Sardá nos cuenta en su interesante artículo de “El Cultural” cómo esta recién nacida guerra de condados o competencia interregional, puede ser más un lastre a la competitividad española que un estímulo de la creación a nivel local, sin entrar en connotaciones más puramente esenciales, como la de si es lícito la práctica que ciertas instituciones realizan de vetar parte de los recursos, humanos y empresariales, por el mero hecho de ser ajenos a su comunidad autónoma.
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